En los últimos ocho años, el puerto de Manzanillo ha registrado al menos tres derrames de hidrocarburos y diversos accidentes relacionados con sustancias peligrosas, una serie de episodios que han puesto bajo escrutinio las medidas de vigilancia ambiental en el principal recinto portuario del país y uno de los más importantes de América Latina.
La más reciente alerta surgió tras la detección de una mancha aceitosa en aguas de la Bahía de Manzanillo a inicios de junio, situación que motivó inspecciones de autoridades federales y estatales para determinar el origen de la contaminación. Aunque Petróleos Mexicanos informó que no encontró fugas ni anomalías en su infraestructura marítima, las investigaciones continúan.
Este nuevo incidente se suma a antecedentes registrados en 2019 y 2023, cuando derrames de hidrocarburos y residuos oleosos afectaron zonas cercanas al puerto interior y a la bahía de San Pedrito. En varios de esos casos, ciudadanos y agrupaciones ambientalistas fueron quienes alertaron inicialmente sobre la presencia de contaminantes en el agua.
La preocupación también abarca otros eventos relacionados con materiales peligrosos. Durante la última década se han documentado incendios en instalaciones portuarias, derrames de sustancias químicas industriales y accidentes durante operaciones de carga y trasvase de combustibles, algunos de los cuales derivaron en contaminación marina y procedimientos administrativos.
Organizaciones ambientales sostienen que el problema no concluye cuando desaparecen las manchas visibles en la superficie. Advierten que los hidrocarburos y otros contaminantes pueden permanecer durante meses o años en sedimentos, humedales, playas y ecosistemas costeros, generando impactos que no siempre son monitoreados de manera pública.
Otro de los cuestionamientos recurrentes es la falta de información inmediata sobre este tipo de emergencias. Activistas y habitantes señalan que, en varios casos, las autoridades han informado sobre los incidentes únicamente después de que las afectaciones se vuelven visibles o generan presión social.
Mientras continúan las investigaciones sobre la contaminación detectada este mes, especialistas consideran que el caso vuelve a exhibir la necesidad de fortalecer la supervisión ambiental en una zona donde convergen operaciones industriales de gran escala y ecosistemas costeros sensibles, cuya conservación resulta clave para el equilibrio ambiental de la región.




