Aunque los indicadores delictivos varían por región, el temor a la violencia se mantiene como un elemento constante en la vida de la población y cobra mayor relevancia durante los periodos vacacionales, cuando las decisiones de salir o permanecer en casa están marcadas por la incertidumbre.
El criminólogo José Abel Saucedo Romero advirtió que esta percepción no es menor, ya que alcanza a una proporción significativa de la ciudadanía y se alimenta de distintos factores, entre ellos delitos como robos a vivienda, así como hechos de alto impacto que continúan registrándose en diversas zonas del país.
Explicó que, en este contexto, el descanso fuera del hogar deja de ser una opción para muchas familias, no necesariamente por decisión propia, sino por un entorno que consideran adverso. Incluso quienes optan por no viajar, señaló, no quedan exentos de la preocupación por la violencia.
El especialista subrayó que este escenario tiene repercusiones directas en el turismo, al generar cautela entre viajeros nacionales y extranjeros, lo que se traduce en menor movilidad y, en consecuencia, en afectaciones económicas para destinos que dependen de esta actividad.
También puso en duda la efectividad de las acciones de seguridad implementadas, al considerar que el aumento de elementos federales no ha logrado modificar de fondo la percepción social ni contener ciertos fenómenos delictivos.
Finalmente, señaló que uno de los principales retos sigue siendo la coordinación entre instituciones, ya que las diferencias operativas entre corporaciones limitan la capacidad de respuesta y debilitan la confianza de la población en las estrategias de seguridad.



